Universidad

“Si ningún pobre llegara a la Universidad, podríamos sospechar que hay algún tipo de impedimento estructural”

Entrevista con el politólogo y filósofo Eduardo Rinesi, ex rector de la UNGS

Rinesi 5

Es profesor titular de la materia Teoría Estética y Teoría Política de la UBA, e investigador-docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento, donde además de rector fue director del Instituto de Desarrollo Humano. Con él hablamos sobre la relación entre Tragedia y Política, y de la relación de la Universidad con las clases populares.

Por Fátima Aguila

Politólogo y filósofo, Eduardo Rinesi es autor de una docena de libros de teoría social y filosofía política, entre los que pueden señalarse Política y tragedia (Hamlet, entre Maquiavelo y Hobbes), Las máscaras de Jano (Notas sobre el drama de la historia), Muñecas rusas (Tres lecciones sobre la república, el pueblo y la necesaria falla de todas las cosas) y Actores y soldados (cinco ensayos hamletianos), así como su traducción de Hamlet, de William Shakespeare, editada por el sello editorial de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Ha enseñado en numerosas universidades públicas del país y en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Es profesor titular de la cátedra de Teoría Estética y Teoría Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, e integró el grupo editor de la revista de crítica cultural El Ojo Mocho durante casi tres lustros. Es investigador-docente asociado en la UNGS, donde se desempeñó como director del Instituto del Desarrollo Humano entre 2003 y 2010 y como rector entre 2010 y 2014, y donde actualmente dirige la Carrera de Especialización en Filosofía Política. Con él hablamos sobre la situación de la Universidad hoy.
-¿Nos podría contar cuál es su especialidad?
-No estoy seguro de tener una especialidad. Pero pongamos que la Filosofía Política.
-Dentro de la filosofía política usted ha trabajado mucho sobre la cuestión de la tragedia ¿se puede relacionar la idea de tragedia con la política?
-Sí. Porque ambas lidian con el problema del conflicto como elemento fundamental en la vida de los hombres y de los pueblos, porque ambas lidian con la fragilidad y la precariedad de las vidas individuales y colectivas y porque ambas lidian con lo que un sociólogo alemán llamó una vez “la paradoja de las consecuencias”, que quiere decir que siempre nuestras acciones producen más efectos que los que buscamos, pero por los que tenemos una responsabilidad y debemos ser juzgados por los otros.
-Para usted, ¿Qué es la universidad?
-Tradicionalmente, una gran máquina de fabricar élites. Hoy, una institución sobre la que hay que seguir trabajando para transformarla en otra cosa.
-¿Por qué la universidad es considerada un derecho universal? ¿Está contemplada por la ley?
-La Universidad es considerada un derecho desde hace pocos años. Es una idea que aparece en la Declaración Final de la Conferencia Regional de Educación Superior de Cartagena de Indias en 2008, recientemente ratificada, y que también aparece en una ley argentina: la Ley de Educación Superior, reformada en esta dirección a fin de 2015.
-¿De qué manera se debe medir el nivel de una institución educativa?
-Por su capacidad para garantizar efectivamente ese derecho a usufructuar los beneficios de su existencia y de su trabajo que tienen los ciudadanos y el pueblo en su conjunto. Una universidad solo es buena si es buena para todos, y solo es para todos si es, para todos, buena.
-A grandes rasgos, ¿Cuáles son las diferencias entre las universidades públicas y las privadas?
-Las primeras son parte del plexo institucional del Estado, que es el garante de los derechos que las leyes establecen. Claro que son una parte caracterizada por la autonomía con la que pueden definir su manera de gobernarse y de desarrollar esa tarea. Las privadas cumplen una función pública pero tironeadas por otras lógicas, en particular por la del mercado, que tiene con la lógica de los derechos una relación por lo menos de mucha tensión.
-En el contexto social y político que estamos atravesando como país ¿Por qué es importante defender el presupuesto de las universidades nacionales?
-Ese presupuesto, y el funcionamiento mismo de las universidades públicas, está hoy amenazado por la orientación de las políticas gubernamentales en el país. Es necesario discutir esas políticas, que están produciendo desigualdad, pobreza y pérdida de derechos de los ciudadanos, y es necesario que las universidades nacionales puedan seguir haciendo su trabajo. Eso no puede hacerse sin presupuesto.
-Hace un tiempo atrás, una integrante importante del Gobierno declaró que “Los pobres no llegan a la universidad” ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Hay datos científicos que avalan su postura?
-Lo digo rápido: algunos pobres, en la Argentina, llegan a la Universidad. Son menos que los que deberían llegar, y el porcentaje de pobres que hay en estas instituciones es muchísimo menor que el porcentaje personas con bajos recursos que hay en el país. Pero algunos llegan. Tu pregunta es importante porque si ningún pobre llegara a la Universidad podríamos sospechar que hay algún tipo de impedimento estructural, insalvable, para que tal cosa ocurriera. Como ese no es el caso, podemos preguntarnos, y debemos hacerlo, cómo hacer para que una mayor cantidad de pobres lleguen a la Universidad, y avancen en sus estudios en ella, y se reciban en ella. Eso, claro, si es que tal cosa nos interesa. Si es que nos produce escándalo que lo que una ley de la nación dice que es un derecho universal siga siendo, en un sentido importante, un privilegio de los más acomodados. Lamentablemente, la funcionaria a la que te referís no nos dijo si esa situación a ella le parecía un problema importante.. Nos dijo que ningún pobre llega a la Universidad, nomás, lo cual es falso, y nos permitio entender que las cosas no podrían ser distintas y que ella tampoco va a tomarse mucho trabajo para hacer que sean distintas alguna vez.
-A cien años de la reforma del 18, usted acaba de publicar un libro sobre el tema ¿Qué valores de la universidad se mantuvieron en pie a lo largo del tiempo?
-Tres. Uno: su espíritu latinoamericanista, y su condena del imperialismo norteamericano. Otro: su entonación obrerista: su preocupación por la articulación entre el mundo universitario y la vida popular. Y el último: su vocación democratizadora de la universidad, de su vida interna y de su relación con la vida social de extramuros.
-La UBA tendrá en Escobar su primer colegio preuniversitario fuera de la Capital ¿Qué opina sobre este tipo de colegios?
-Los hay de muy distintos tipos: es difícil generalizar. Algunos tienen una fuerte vocación elitista, que a mí no me gusta nada. Otros, como el de la Universidad en la que yo trabajo, que es la UNGS, tienen una orientación mucho más democrática y plebeya, al mismo tiempo que el desafío de mostrar que es posible sostener juntas esa orientación y una preocupación por sostener la más alta calidad de los estudios. Que la UBA vaya a abrir un colegio en Escobar plantea por supuesto, además, otro tipo de problemas: geográficos, jurisdiccionales, de articulación del sistema educativo regional. Confío en que esos problemas puedan encontrar una solución virtuosa, porque no me parecen menores.

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