Sociedad

El larguísimo camino de nuestra basura

RECORRIDO POR EL CEAMSE, DONDE VAN A PARAR DIARIAMENTE TONELADAS DE RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS

La relación entre el consumismo y producción de residuos, el tratamiento de éstos desde la ingeniería ambiental, la verdadera dimensión de un problema cada vez más grande. La importancia de tomar conciencia y separar la basura en los hogares.

Por Ludmila Guzmán, Vanesa Pallota, Micaela Piñeiro, Malena Cannone y Cecilia Lenci

Cuando se suele hablar de la basura, por lo general, produce rechazo. Nadie quiere la basura, ni convivir con ella. La gente la saca rápido de su casa, espera que se la lleven lejos. Pero también hay quienes viven en ella, y de ella, tratando de extraer comida, o cualquier valor a través del reciclaje. Se trata de personas que suelen ser vistos como marginales, cuyo contacto con la basura es inevitable. Se puede extraer también información de la basura, para la realización de estudios sobre consumo; incluso hay artistas que crean obras de artes con ella.
La basura está en todas partes. Entonces, ¿cómo pasar por alto nuestros propios desechos cuando vivimos rodeados de ellos? Sin ir más lejos, en zona norte y capital se producen unos 26 millones de kilos de basura por día. Y el problema es que las montañas donde van a parar los residuos sólidos urbanos (ver aparte) son cada vez más grandes y se completan cada vez más rápido.
La mayoría sabe cómo se clasifica la basura, entiende el tema del reciclaje pero aun así no ponen manos a la obra. ¿Por qué? Flojera, falta de espacio o falta de cultura quizá. ¿Será que entonces tanto no nos importa? Tirar por tirar, reciclar, ensuciar cada calle por la que pasamos o guardar el papelito en el bolsillo, cosas que parecen dar igual. La mayoría de las personas piensa que con sacar la bolsa de basura a la calle cada vez que colapsa el tacho y que luego de que la lleve el camión recolector es suficiente. Una vez fuera de la casa, la basura ya no es un problema propio. Uno se siente “tranquilo” de haberse deshecho de ésta. Pero, ¿es realmente ahí donde termina esta cadena de consumir-desechar?
Es innegable, vivimos en una sociedad de consumo, siendo cada uno un ser consumidor. Este hábito forma parte de todos y desde siempre, sin siquiera ser notado. Desde que se aprende a gatear y se llora por un juguete, hasta que se decide comprar el mejor bastón para adultos. Como consecuencia de ser y pertenecer a esta sociedad consumista, deseamos, consumimos y desechamos como si fuera algo natural. Es en el último eslabón de esta cadena, el cual aunque ignorado es inevitable, en el que se va a poner énfasis y atención en esta nota. Para así intentar brindar nuevas herramientas para la compresión de la importancia que la basura tiene en la sociedad de consumidores.
Una imagen dice más que mil palabras, ¿no? Por eso mismo, la escuela Dante Alighieri de Escobar, junto a 5to y 6to año del área de Comunicaciones, realizó una vista al CEAMSE (Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado), donde trabajan unas 600 personas, para poder ver y aprender cómo la basura que se genera y se deja en la vereda a la noche, no desaparece por arte de magia, sino que luego de ser recolectada comienza un proceso para su tratamiento en esta empresa pública, encargada de la gestión de residuos sólidos urbanos.
La experiencia fue productiva. Los alumnos recorrieron el predio con un coordinador que los llevaba y explicaba cada uno de los sectores del mismo. El complejo ocupa unas 500 hectáreas. Allí se procesa alrededor del 40 por ciento de la basura que se produce en todo el país. El predio cuenta con una planta de clasificación y separación de residuos. Fue toda una sorpresa llegar y ver el lugar limpio y sin hedor a basura. Es más, no había olor a nada. Muchos imaginaron un lugar lleno de bolsas de residuos pestilentes, por eso fue interesante aprender de un lugar diferente e importante, formando así opiniones en cada uno de los alumnos.
Durante el recorrido, los alumnos pudieron ver la planta de tratamiento de líquidos. Unas piletas enormes y en constante filtración del líquido que se deprende de la basura, denominado “lixiviado”. En este piletón se revuelve esta sustancia con aspecto y olor nauseabundo, que luego de muchos filtrados, se convierte en agua limpia, que si bien no es apta para consumo, se la puede utilizar, por ejemplo, para la construcción de calles, o para regar el predio o se devuelve al río Reconquista.
Otra de las plantas era la de generación de energía. ¿Energía proveniente de la basura? Sí. Eso mismo. Y no es por arte de magia. La basura despide gases tóxicos, de ellos se toma el gas metano y se transporta hasta una zona de compresores que enfrían este gas y lo transforman en “biogás”. Este se convierte consecuentemente en energía y a través de un electro-ducto subterráneo llega hasta José León Suárez, desde donde abastece con su energía a los hogares bonaerenses. Puede parecer mentira, pero este gas contribuye a la iluminación de un barrio de 15 mil casas o de un camino. Datos que sorprenden, sí, a todos por igual.
El CEAMSE trabaja para convertir una porción cada vez más grande de basura en energía o en nuevos productos reutilizables. Entre las tantas cosas que hacen, se encuentran los “eco-ladrillos”, cubiertas de vehículos y compost. Lamentablemente este proceso lo recibe solo el 13 por ciento de la basura recolectada. Esta es tratada en la planta de tratamiento mecánico biológico, un galpón enorme en el que se procesa todo.
Los trabajadores y trabajadoras del área, en forma manual, se encargan de separar los reciclables una vez procesada la basura por unas máquinas enormes y bastante ruidosas. Lo que es reutilizable se compacta en unos grandes cubos, así se recuperan más de 600 toneladas por día. Lo que no es sometido a este proceso, es enterrado bajo tierra y se aísla con tres capas de impermeabilización: Polietileno, suelo arcilloso y tierra natural. La gente que trabaja allí está continuamente en contacto con la basura, de ahí su amplio conocimiento al respecto.
También llama la atención del visitante la respuesta a esta pregunta: ¿El basurero se lleva la basura? En realidad, el basurero es el individuo que genera estos desechos.. El hombre que vemos trabajando en el camión bajando y buscando todas las bolsas, es el recolector de basura. Por eso es gracioso (pero cierto) decir que, entonces, quienes escribimos esta nota somos basureras, y por supuesto también lo son los lectores. En definitiva, todos somos basureros.
Se quiera ocultar o no, se trata de ignorarla o no, los residuos forman parte de las relaciones sociales. Moviliza y llama a la reflexión. El trato que los consumidores le dan a sus desechos sí importa, ahora y en un futuro.
Desarrollar la conciencia social y entender las diferentes repercusiones que tienen la basura en cada uno es cada vez más importante. Es cierto cuando se dice “la basura de uno, es el tesoro de otro”. Hoy en día lo que se tira tiene cada vez más valor, por eso se forman también más campañas y llamados a la sociedad para empezar a reciclar y separar los residuos. Saber la cantidad de cosas que se pueden hacer antes de tirar la caja de leche a la basura, cala hondo. Una libreta, un libro, un juguete, un vaso, una caja, un lapicero, una maceta, un ladrillo, un estante, un llavero, una bolsa, un mueble, una mesa, una silla. Con separar los reciclables de los orgánicos, alcanza para comenzar a aportar ese granito de arena que bien puede convertirse en montaña.
Para ello, es importante encontrar los centros de reciclaje, e insistir para que cada escuela también lo tenga, como se ha hecho en la Dante Alighieri de Escobar. Y, lo principal: empezar a tratar a la basura con la seriedad que merece. Es tiempo de un cambio y sin dudas se puede decir que entre todos, concientizados sobre el asunto, se puede hacer una localidad de Escobar y, por qué no, una Argentina, más verde.

 

Estas también son montañas

Desde estas líneas se invita a los lectores a la reflexión, a tomar conciencia de la cantidad de basura que se produce sólo en el área metropolitana y la zona norte. Las cifras son realmente alarmantes. Sólo en el Área Metropolitana de Buenos Aires, donde radica el 36 por ciento de la población argentina, se producen 17 toneladas diarias de residuos, que van a parar a la planta de tratamiento. El CEAMSE cuenta con montañas de basuras comparables a la magnitud de unas 500 canchas de fútbol, que se llenan cada vez más rápido. La primera montaña, del tamaño de 30 canchas de fútbol tardó unos 15 años en completarse; la segunda montaña del doble de tamaño, se llenó en 12 años; la tercera, del tamaño de unos 85 estadios y con una profundidad de 45 metros, se completó en 9 años; la cuarta, más grande, de unos 105 estadios y 60 metros de profundidad, tardó en completarse unos cinco años; y la quinta, que tiene la misma profundidad pero alcanza el tamaño de 165 cancha de fútbol, se prevé que se completará en unos 8 años.

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