Sin categoría

Las voces que tuvieron que callar: La inhumana situación de las mujeres en Afganistán

Opinión

Por Caterina Blanco

¿Cómo te sentirías si cada vez que emitieras un sonido fueras azotado con un palo múltiples veces en la vía pública mientras otros observan e incluso se unen para golpearte? Para vos, lector, esto es solo una pregunta hipotética. En cambio, para una mujer afgana, es una realidad. Desde el regreso de los talibanes en 2021, se han registrado al menos 300 casos de mujeres que han sido flageladas públicamente por cargos como: trabajar, estudiar, usar redes sociales, no cubrir por completo su cara, usar ropa “llamativa” (mostrar algún centímetro de su piel), viajar solas, entre otros. La pérdida de derechos de las mujeres afganas desde 2021 constituye una de las violaciones más graves a los derechos humanos en la actualidad. Ellas no pueden luchar por sus derechos, así que en este ensayo, hablaré por ellas.

La gravedad del asunto se comprende aún mejor al compararla con los principios establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos. Este documento afirma que todas las personas tienen los mismos derechos y libertades, sin distinción de sexo, religión, nacionalidad o cualquier otra condición. Además, prohíbe la tortura y los tratos crueles, inhumanos o degradantes, y reconoce el derecho de toda persona a circular libremente y elegir su lugar de residencia. Sin embargo, desde el regreso de los talibanes al poder en 2021, las mujeres afganas han visto cómo estos derechos les fueron arrebatados uno a uno. Como mencioné previamente, las mujeres no pueden moverse libremente sin cumplir estrictas condiciones impuestas por el régimen. En muchos casos necesitan ir acompañadas por un familiar varón (mahram) para llevar a cabo actividades cotidianas y tienen prohibido ingresar a numerosos espacios públicos. A su vez, quienes incumplen estas normas pueden ser detenidas, golpeadas o castigadas públicamente. Estas medidas contradicen directamente los principios de igualdad, libertad de circulación y protección contra los tratos crueles establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Sumado a las restricciones ya comentadas, está el hecho de que las mujeres afganas tienen prohibido el estudio de nivel secundario, universitario y el trabajo. Según la UNESCO, en 2021, más de 2.2 millones de mujeres y niñas sufrieron (desde el lado académico) la retoma del poder del régimen talibán. La exclusión sistémica comenzó de manera inmediata y se consolidó a través de más de 70 decretos restrictivos orientados a borrar a las mujeres del espacio público. Esto no solo les imposibilita tener un futuro, sino también participar activamente en la sociedad, ser independientes y tener sus propias economías.

Si ya esto parece descabellado e inhumano, hay situaciones todavía peores. Algo que también introdujo el régimen talibán fue la entrada en vigor del Decreto 18 («Código sobre la Separación Judicial de los Cónyuges») donde se formaliza de manera implícita el matrimonio de niñas menores de edad y restringe casi por completo sus posibilidades de escapar de un entorno de abuso. También el nuevo marco legal, en el cual se estipula que, en el caso de que una niña sea dada en matrimonio antes de la pubertad, su silencio se toma legalmente como consentimiento.

En conclusión, hoy en día Afganistán es el infierno de las niñas y mujeres que habitan ahí y que además no pueden escapar por más que lo deseen. A lo mejor, alguna de estas mujeres podría ser una gran cantante, actriz o pintora; viajar a la luna, ser ingeniera, ser abogada o incluso encontrar la cura al cáncer; sin embargo, eso nunca lo sabremos. ¿Cuántas son las mujeres inteligentes y talentosas que el mundo se está perdiendo por este régimen? ¿Cuántas habrán muerto con tanto para mostrar o decir? ¿Y cuántas están siendo castigadas, abusadas, dadas en matrimonio sin consentimiento o hasta asesinadas mientras escribo este ensayo?

Deja una respuesta