Educación, Escuela

Una escuela que se construye entre generaciones

40 años de historia. A propósito de las celebraciones de la escuela Dante Alighieri de Escobar, dialogamos con los representantes legales Nicolas Iacouzzi y Mauricio Ottaviano, quienes se animaron a contar desde los principios más duros del colegio hasta el ambicioso porvenir.

Por Paloma Pérez, Caterina Blanco e Isabella Schiro

–¿En qué momento se dieron cuenta de que la escuela pasó de ser tan solo un proyecto a ser uno de los colegios más importantes de Escobar?

–Nicolás: La escuela nace de una asociación sin fines de lucro que tenía el objetivo de dar cursos de italiano y fomentar esta cultura. Grupos de familias y gente interesada por las tradiciones italianas se unieron para juntar fondos desinteresadamente y, eventualmente, creyeron inteligente la idea de formar un colegio que junte todos los intereses de la comunidad italiana de Escobar, como por ejemplo, la difusión del idioma y de la cultura. Los colaboradores apoyaron la fundación con la recaudación de dinero mediante rifas, asados y todo tipo de cosas para dar pie a la construcción de la escuela.

En un principio, la escuela era muy pequeña, y ahora finalmente, nosotros —los representantes legales— solo formamos parte de este proyecto transitoriamente, marcando un poco las directivas para seguir con el legado.
–Mauricio: Nosotros apoyamos el legado de todas y las nuestras familias incondicionalmente, tal y como ellos hicieron en el pasado. Cada día seguimos trabajando para ser uno de los colegios más importantes de la zona. En su momento fue muy difícil levantar el colegio, y no fue solo por la falta de fondos: Escobar era un pueblito con calles de tierra, y se tuvo que recurrir a buscar alumnos para iniciar la escuela solo con el primero y segundo grado de primaria. El colegio es lo que es por el trabajo a pulmón que hubo. Colaboró muchísima gente –que algunos están y otros ya no– por años –unos diez o quince años–, dejando su tiempo personal y laboral de lado para apoyar la fundación sin pedir un solo centavo a cambio. Así se consiguió comprar un terreno y construir la escuela que hoy tenemos.

–¿Cómo fueron los primeros años según lo que ustedes escucharon en su infancia?

–N: Muy difícil también por lo que veíamos, y, repito, éramos chicos, tendríamos la edad de ustedes –adolescentes–. De parte de nuestra familia, notamos que dejaban de lado el tiempo familiar para tratar de formar la escuela. Me acuerdo cuando se compró la casa de la esquina, una casa viejísima, con la intención de hacer un colegio. Ese día se hizo un asado para celebrar la compra. Recuerdo que mi mamá, Alicia, una de las más involucradas y comprometidas con el tema, que a día de hoy todavía lo está, hablaba mucho de las constantes crisis que no sabían si les iba a permitir continuar con la inauguración porque no había alumnos; había muchos problemas financieros y ni siquiera sabían cómo iban a pagar los salarios cuando la escuela creciera, porque no había matrícula. A pesar de las adversidades, se decidió seguir adelante con el proyecto de inauguración, y aun hoy deseamos seguir fomentando esta institución con muchas cosas para dar y para que los alumnos puedan exprimir.

–¿Cuál es la mayor dificultad que están afrontando actualmente como representantes legales del colegio?

–M: En su momento fue la parte económica. Desde que se recategorizó la escuela, alcanzamos un bienestar económico, pero estuvimos muy afectados desde lo económico. Estos últimos cinco años no pudimos realizar nada nuevo; recién ahora estamos empezando a trabajar en nuevos proyectos.
–N: Nuestra intención es ver hacia dónde va la educación en el futuro, qué pasos tiene que dar esta escuela no solo desde lo didáctico, sino también desde lo educacional. Mensualmente tenemos reuniones con el equipo directivo y se tratan temas como los problemas materiales, que ocupan la mayor cantidad de tiempo, pero también tratamos desde lo pedagógico, como cuál es el proyecto de escuela que tenemos por delante, siempre con la cultura italiana de punto fijo.

–Referido a esto, ¿qué tipo de escuela esperan que sea la Dante? ¿Cómo les gustaría a ustedes?

–N: La mejor. Simplemente clara, total y absolutamente la mejor del distrito. Apuntamos a eso en todo sentido. Desde tratar de buscar los mejores directivos, desde tratar de conseguir los mejores profesores en todo sentido. Intentamos todo el tiempo tratar de mejorar y también tratar de darles oportunidades a los alumnos para que puedan desarrollarse desde el lugar que ellos quieran, abriendo puertas para sus gustos personales. Tenemos pensado para el año que viene infundir un aspecto más artístico y creativo en la escuela. Esta idea nace de nosotros, que venimos de un background muy artístico; yo estudié cine, soy un documentalista que hace películas, y Mauricio viene del teatro. Con esto como incentivo, queremos desarrollar la creatividad y proactividad de los jóvenes.
–M: Queremos transformar y equipar uno de los salones en un teatro y sala de ensayo para los alumnos que son músicos. Es un proyecto que está más que confirmado para el sector de secundaria. Hemos charlado y escuchado a muchos chicos que están yendo hacia ese lado creativo, por lo que queremos darles la oportunidad de expandir su imaginación, no solo su lado artístico.

–Como alumnas, opinamos que logran ese objetivo, porque el colegio siempre muestra buena disposición a apuntar hacia nuestros intereses. Sabemos que quizás en otros colegios los alumnos tienen pocas oportunidades para expresarse creativamente. Creemos que es un buen aspecto esa flexibilidad que ofrecen...

–N: Agradezco tu comentario. A veces es difícil para nosotros; estamos lejos de ser perfectos. Siempre es un tema a charlar en nuestras reuniones el tema de trabajar el sentido de pertenencia, que quizás todavía nos falta trabajar muchísimo. Nos interesa mucho que los alumnos quieran la escuela, que se sientan parte de ella, que no sea solo una tarea que se les impone. Insisto en la idea de que no es algo que hayamos logrado completamente, pero es algo que nos encantaría. Ustedes hoy nos preguntaban qué escuela queremos: una escuela que los chicos quieran. Que la quieran más allá de las materias o los profesores, que se sientan parte y que cuando se vayan, sea con un sentimiento de felicidad y nostalgia. La escuela no solo quiere formar excelentes alumnos académicamente; también queremos que disfruten su paso por esta.

–La escuela está cumpliendo 40 años; de acá a 40 años, ¿cómo se imaginan la escuela teniendo en cuenta la situación actual del país?

–M: Tenemos la intención de seguir expandiendo las instalaciones de la escuela y también mejorar aún más la educación que ofrecemos. Estamos extendiendo las jornadas, como por ejemplo con la academia de inglés, cuestión de que si alguien tiene la posibilidad y la necesidad de extender la jornada simple, pueda hacerlo con algo recreativo y útil. De a poco iremos mejorando los salones, obteniendo espacios multiusos que sabemos que son necesarios, pero que no contamos. Somos muy conscientes de nuestras faltas y queremos administrar los recursos lo mejor posible para poder cumplir con estos objetivos.
–N: Queremos expandirnos con la esperanza que mantenían los fundadores. Sabemos que en este país nunca hubo una situación de claridad hacia el futuro inmediato, así que no sabemos bien cómo va a ser el futuro, pero sí sabemos cómo va a ser el año que viene. Creemos que hay que tomar la lección que nos dejaron los fundadores: no dejar que la desesperación se lleve por delante el proyecto. Esto es mucho más que un proyecto económico; es una unión para la comunidad. Tal vez nosotros no estemos en 40 años, pero sí tratamos de confiar en que esto es una propuesta a largo plazo que los alumnos van a sostener. Sus hijos, sus parientes, los que quieran venir a esta escuela, lo van a sostener porque quisieron esta institución y van a seguir queriendo que crezca.

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