Cultura, Deportes

Volar: una forma de mantener los pies en la tierra

La experiencia de pilotear una avioneta

 

Parece algo inalcanzable pero no lo es. Sólo hace falta determinación y ganas de aprender manejar esas máquinas que permiten ver la tierra desde arriba.

Por Lucas Schneider

Desde el nacimiento de la raza humana, volar fue una idea casi inalcanzable. Pero con la llegada de los hermanos Wilbur y Orville Wright, los padres de la aviación, este sueño se hizo un día realidad. Más de un siglo ha pasado desde el despegue de la primera aeronave primitiva y gracias a ellos podemos ver las maravillas de la ingeniería moderna.

Los 747, 737, 787 son algunas de las máquinas que dominan los cielos desde hace más de 100 años los cielos. Pero una cosa es viajar como turista en primera clase o en económica en esos monstruos del aire, y otra muy diferente es pilotearlos o, cómo se dice, volarlos.

Pero a no desanimarse. No necesariamente uno tiene que tener millones para pilotear aviones, ni siquiera ser dueño de su propia aeronave para disfrutar de las vistas y la calma de los cielos.

Los aeroclubes son la matriz de prácticamente toda la actividad aeronáutica, desde sus inicios en la Argentina. Y muy poca gente sabe que volar en avión no es algo imposible de hacer. Desde hace algunos años la industria aeronáutica argentina aumentó exponencialmente, haciendo que volar sea algo más accesible para todos.

El aeroclub de Morón, que comenzó allá por el año 1941 brindando servicio a las Fuerzas Armadas y, posteriormente, a la aviación privada y deportiva, es actualmente el hogar para muchos amantes de la aviación. Allí se pueden encontrar numerosas escuelas de vuelo además de un museo para visitar en familia.

Muchas personas, ya sea por miedo o por falta de dinero, no tienen la posibilidad de experimentar el vuelo, pero vale la pena el esfuerzo. Volar es algo increíble, desde el momento en que se aprueba la ruta de vuelo antes del despegue hasta cuando se sienten las ruedas del avión golpear suavemente contra la pista. En el medio, ocurre la maravilla.

La de volar es una sensación única. Se siente la adrenalina de estar a miles de metros de altura, atravesando nubes observando la tierra, mientras el zumbido de los motores y la velocidad en el aire, aumentan el placer de la experiencia. Desde el momento en el que el piloto se posiciona en la cabecera de la pista, se siente esa ansiedad esperando escuchar la voz de la torre de control que dará el permiso de despegue. Entonces sí, el piloto comienza a acelerar los motores a tal punto que, tras el carreteo, harán que la avioneta de casi una tonelada despegue sus ruedas de la pista y comience a volar.

En el aire, la adrenalina del despegue cede su lugar al placer de la aventura. Volar puede ser algo muy relajante. Poder ver el horizonte y pensar en todo aquello que hay más allá de nuestras perspectivas, es algo único. “Pará mí volar es algo increíble. Luego de hacerlo por casi 30 años me sigue maravillado como si fuera la primera vez”, comenta Andrés instructor de vuelo. Volar es algo muy entretenido y lo es mucho más aún para aquellos pilotos acrobáticos que pueden mostrarnos sus destrezas desde los cielos con sus maniobras como: loops, stalls y spins.

Estas maravillas de la ingeniería por más tecnológicas que sean no se pueden mantener solas. Por ello es muy importante destacar las hazañas de todas las personas que trabajan horas y horas con el fin de hacer que nuestro vuelo sea cada día más seguro.

La aviación no podría existir sin el trabajo de los ingenieros y mecánicos aeronáuticos, los cuales se encargan de que cada máquina esté a punto antes, durante y después de cada vuelo. Estas profesiones son casi igual de estresantes que la de los pilotos. Se trata de especialistas que se enfocan en cada una de las partes y componentes de la aeronave, ya que si un solo remache se sale de lugar podría ocurrir una catástrofe. Sin embargo, gracias a ellos, el avión es el medio de transporte más seguro del mundo con una probabilidad casi nula de accidente, siendo de 1 en 5.4 millones de vuelos.

Otra arteria importante es el control del tráfico aéreo. Los controladores lidian cada día con cientos de vuelos con el fin de mantener el orden y la seguridad de pilotos, tripulantes y pasajeros en cada uno de los vuelos.

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