Cultura, Educación, Secundaria

El lápiz pesa menos que la pala

una visita a la secundaria 19 del barrio Philips

Son chicos de 5to año del turno vespertino de la secundaria 19 Martha Salotti del barrio Philips, en Belén de Escobar. Su matrícula es de 30 alumnos, la mayoría de ellos, además de estudiar, trabaja. Son amigos que comparten varias pasiones, el fútbol, el mate y la necesidad de seguir estudiando.

Por Alumnos de la Secundaria 19*.

El prejuicio del funcionamiento de una escuela en el turno noche, en el barrio, queda atrás. Ellos van y vienen por las calles del Philips, seguros de que nada les pasará. Es su barrio y los vecinos los conocen.

El edificio donde funciona la secundaria es el que comparte con la primaria 20, ubicado en calle Da Vinci, entre las Mitre y Colón, a 15 cuadras de la plaza San Martín. A pesar de tener un terreno asignado a escasas manzanas de allí, todavía no comenzaron las obras de construcción para que los chicos tengan su propia escuela. El año que viene, se recibirán de bachilleres en comunicación, una de tantas modalidades que aún tiene el secundario en la provincia de Buenos Aires.

La particularidad que tiene este curso, es que la mayoría son varones, que no solo estudian sino que, además, trabajan. No habría otra forma de estudiar cerca de su casa, sino fuera por la posibilidad de contar con el turno noche. Así aprovechan el día para hacer alguna changa que que salga, comer algo, bañarse e ir al colegio. Sus días son largos, a veces comienzan antes de las 6 de la mañana y terminan después de las 22.

Esta impronta que los caracteriza, está dada por algunas razones: la mayoría de ellos tiene 18 años, son hijos del 2001. Por alguna razón repitieron o debieron abandonar la escuela, y hoy necesitan sostenerse económicamente, ya que se consideran grandes para pedirle plata a sus familias. Otros, en cambio, tienen que aprovechar cualquier oportunidad porque su papá o su mamá no llegan con el sueldo a fin de mes.

A pesar del cansancio, van a clases, hacen las actividades que les piden los docentes y si hay tarea, cuando pueden, también la hacen. Las chicas, no son la excepción, porque si bien son solo tres las que tienen otra responsabilidad además de estudiar, consideran que es imprescindible ir al colegio. Todos entienden que pasar por las aulas los ayudará a tener un futuro mejor, con más posibilidades de las que tuvieron sus propias familias.

Saben hacer de todo, desde cortar pasto, o hacer canteros hasta los cimientos de una casa. Para estos alumnos, todo es proceso de aprendizaje. Los vieron a sus padres o vecinos y decidieron seguir ese ejemplo. Pero el título secundario es su garante para conseguir mejores ofertas laborales.

Ir a aprender no es el único fin que los alumnos tienen cuando deciden estar en clase. Son amigos, y compartir su cotidianidad afianza ese vínculo. Los breves cortes entre las materias los aprovechan para formar un gran círculo, en donde la risa y los movimientos corporales hablan por ellos. Otros se quedan en el aula, pero se observa la misma dinámica, la pasan bien.

“Lo bueno es que nos conocemos todos, y nos llevamos piola, porque casi todos vivimos en el mismo barrio y a veces nos juntamos fuera del colegio, si pinta partidito o juntada, nos gusta y vamos”, cuenta uno de los alumnos, que siente que la amistad los trasciende más allá de la rutina escolar.

Son vecinos y comparten muchas experiencias, La canchita del barrio, ubicada en el terreno cedido para la construcción del edificio propio de la escuela, les permite durante el tiempo libre disfrutar del fútbol, para muchos una pasión y un ambiente de encuentro donde la gaseosa termina siendo el gran trofeo. En ese pedazo de tierra que está en el barrio vecino, La Victoria, es el potrero donde muchos otros chicos pelotean desde que tienen memoria. Allí se juntan otros chicos de la zona y otros barrios como El Mirador, Cementerio.

Esta convivencia les permitió relacionarse con otros jóvenes que van a otros colegios o incluso con chicos que lo abandonaron. Sin embargo, en esa cancha son todos iguales. Todavía recuerdan cuando una institución deportiva privada quiso arrebatarles la canchita. Todos se pusieron de acuerdo e impidieron que esto fuera así. Más tarde la municipalidad, avalando la cesión del terreno para la secundaria 19, colocó un arco y comenzó a ocuparse del mantenimiento de espacio.

La unión de este grupo también se afianza en cada mate que comparten, y para eso todos los días se organizan. Algunos se ocupan de tener siempre listo su equipo, otros llevan galletitas o snaks, Así, entre cebada y cebada, van copiando del pizarrón o escuchando a los profesores. Un termo no alcanza, por eso Verónica -la auxiliar del turno vespertino- se ocupa de tener el agua a punto. Ese mate, además, los mantiene con la mente estimulada y el hambre entretenido.

Los chicos de la secundaria 19 se proyectan al futuro, después del 2020. Piensan en sus proyectos. Para algunos será buscar un mejor empleo y para otros, seguir estudiando. Un profesorado de Historia, de Biología o de Educación física, Arte o enfermería son algunas de las expectativas que quieren poner en acción cuando terminen el 6to. año.

Así podrán demostrarles a otros que el prejuicio de egresar de un colegio público, no los limita para tomar el desafío de la enseñanza terciaria o universitaria. “Nosotros convivimos a diario con la mirada dudosa que otros tienen cuando ven a un chico caminando con gorrita o arito y piensan que es chorro, cuando en realidad es alguien que labura para ayudar a la familia o para poder vivir”, dice otro de los alumnos de 5to.

Cuando la marginación es el tema que los convoca, les sobran los ejemplos. Una de estas experiencias la viven cuando van a las clases de educación física. Para hacer gimnasia, deben acercarse al Polideportivo Luis Monti, y en ese trayecto que caminan desde el barrio hasta la avenida Tapia de Cruz. Su ropa deportiva los pone en el centro de los prejuicios.

Son tan reflexivos, que entienden el razonamiento de los demás. No se asustan, sino que apuestan a diferenciarse con el estudio. Por eso, están abocados al último trimestre, son conscientes de que queda poco del ciclo lectivo 2019 y que el año próximo ya serán egresados.

La escuela tiene algunos proyectos, entre ellos, la participación en Jóvenes y Memoria, por eso los chicos que terminan este año se dedican a investigar sobre alguna problemática, y los de 5to, también ayudan. Asimismo, hay otras actividades que son parte de la identidad de la institución, como lo es la colaboración en la colación de los más grandes.

Mientras, se dividen los roles para la entrega de títulos de los chicos que terminan 6to. año, la directora Angelina González ya los comprometió y, entusiasmados, aceptaron la propuesta. Es un ritual de la escuela que los de 5to. colaboren para el protocolo y ceremonial de la graduación de los de 6to. Es probable que entre mate y mate organicen su propio festejo, porque otro año de estudio habrá terminado.

La leyenda de la monja

Si bien dentro del razonamiento y la lógica, nunca se pudo comprobar la veracidad de esta historia, es un clásico que también identifica al edificio de la secundaria 19. Para entender de qué se trata esta historia, hay que remontarse a décadas atrás, cuando la primaria 20 se instalaba en lo que antes había sido un centro misional de la Diócesis de Zárate-Campana.

Según relatan quienes han trabajado aquí tiempo atrás, en la cocina y en los pasillos del edificio compartido por ambas instituciones se han escuchado ruidos y pasos, y muchos aseguran haber visto una figura con ropa similar a la de una monja. Por eso asocian los movimientos y las visiones con un alma en pena que, sin poder encontrar la paz, deambula ocasionalmente por las instalaciones.

Los testimonios están basados en dichos, presunciones o sensaciones físicas, pero no se han podido comprobar. Lejos de generar miedo, para el turno noche, es un condimento más. La leyenda va pasándose de boca en boca, y a veces hasta roba una chispa de sana complicidad.

*Texto colectivo de los alumnos de 5to. y 6to. de la Secundaria 19, junto a la profesora Florencia Castro.

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