Italiano

La gioia di parlare italiano

Por Patricia Policastro

Muchas veces me han sorprendido mis alumnos con este comentario: “Wow! La teacher sabe hablar en italiano!”, a lo cual Rosa siempre les responde: “Magari, Patrizia lo sa parlare bene, lei ha fatto il corso per gli adulti.”
Cuando era pequeña, tuve la suerte de que mis abuelos me hablaran en italiano cada vez que ellos nos visitaban o nosotros íbamos a sus casas. En ese entonces yo sólo los escuchaba, pero comprendía todo lo que decían, sin embargo les respondía o conversaba con ellos en español. De adolescente me encantaba leer libros y revistas en italiano porque sentía que me permitían viajar, que me transportaban a otros mundos que esperaba algún día llegar a conocer. Y ese día finalmente llegó. La primera vez que viajé a Italia fue todo un desafío para mí. Entendía todo pero igualmente no me animaba a hablar. Me daba vergüenza, pensaba que si lo hacía sería un papelón. Así pasaron los años, y ese temor a hablar o escribir en italiano nunca desaparecía.
Durante mis años como profesora de inglés en la Dante, comencé a sentir la necesidad de aprender, al menos, algunas frases para intercambiar con las profes de italiano. En realidad me sentía un tanto frustrada al no poder salir de los típicos “Buon giorno” o “Arrivederci”. Motivada por esta situación e inspirada por “la mia mamma”, decidí inscribirme al curso para adultos que se dictaba aquí una vez por semana en turno vespertino. Fue un verdadero desafío, en especial a la hora de tener que hablar. Debo admitir que en un principio tuve la misma sensación de aprender una lengua extranjera que experimentan mis alumnos cuando les enseño inglés. Y ahí comprendí que el aprendizaje de un idioma no es fácil, pero tampoco imposible.
De la mano de Rosa, Marisa y Silvia, mis cuatro años de estudio fueron una experiencia muy enriquecedora. Sus clases, enteramente en italiano, nos invitaban a escribir y a hablar de una manera que yo no imaginaba que podía hacer. Poco a poco fui dejando mis miedos atrás y me animé a conversar en este idioma. Sin darme cuenta, las palabras fueron brotando solas, y tanto las aprendidas en clase como las que habían quedado guardadas en mi memoria de los años con mis “nonnos” fueron cayendo como las monedas de una slot machine: la pasta asciutta, il peperoni, i pomodori…y casi sin darme cuenta estaba “parlando l’italiano”.
Hoy, aunque no lo hablo con frecuencia, me siento más que contenta al descubrir que puedo conversar con las profes de italiano de la Dante, o que hasta puedo intercambiar con ellas y mis alumnos algunas frases y mensajes en italiano por Whatsapp! Y más aún, que en mi último viaje a Italia me animé a hablar y hasta pensar en este idioma; creo que en realidad me animé a disfrutar del placer de hablar el italiano.

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