El problema está en confundir la gramática con el machismo

DEBATE / LENGUAJE INCLUSIVO

Por Giuliana Robles

Es innegable el avance de la mujer en materia política, social y económica, así como en términos de equidad de derechos. Lo que, en ningún caso, significa que se haya alcanzado una paridad real. Pero eso no es razón para ensañarse con el lenguaje y desacreditar sus formas en defensa del feminismo.
Hay que saber elegir las batallas. Especialmente si lo que se busca es acabar con el sexismo en todas sus manifestaciones y hacia ambos lados. Porque no tiene sentido dejar de emplear palabras acabadas con el grafema ‘o’ y significado genérico, sino se debería hacer lo mismo con las que terminan en ‘a’ y también integran ambos sexos, como periodista o persona.
El español, como todas las lenguas, está cargado de un sentido ideológico y de una experiencia social que lo transforma con el paso de los años y de los siglos. Basta señalar que el español es machista pero no por sí mismo, sino porque es un producto cultural, así que si queremos que en el discurso haya equidad de género, debemos empezar por transformar nuestra cultura machista; la forma en que usamos nuestra lengua pone en evidencia lo que somos y en lo que creemos, por lo tanto, la discriminación a la mujer no cesará usando el lenguaje inclusivo, sino cambiando la mentalidad de la gente, con educación, con empoderamiento y sobre todo, con paciencia.
Mi mejor argumento contra el lenguaje inclusivo sería que si las mujeres no se sienten del todo representadas o visibilizadas cuando se dice “nosotros” o “ciudadanos”, se debe a una percepción errónea y a su desconocimiento de las leyes de la gramática.
Desde la Real Academia Española (RAE) se avisa que no se puede pretender adaptar la realidad del lenguaje a los intereses políticos. La RAE afirmó que es incorrecto el uso del masculino y el femenino con el fin de señalar a dos grupos distintos. Según la RAE, el masculino es universal y además su uso debe ser único, por lo que considera que el uso del lenguaje inclusivo es “artificioso e innecesario desde el punto de vista lingüístico”.
En el lenguaje, como en cualquier actividad humana, existe una tendencia natural a tratar de minimizar el esfuerzo invertido, lo que puede manifestarse en distintas maneras de abreviar, acortar o simplificar la forma de transmitir una misma información. A esto se lo llama “economía lingüística” y la RAE tiene muy en claro que modificar el lenguaje a uno más inclusivo, llevaría a extenderlo y eso iría en contra de esta ley.
“Que el masculino sea neutro y universal y el femenino particular y específico es incuestionable porque así lo dicen los usos comunes la imparcial Real Academia Española de la Lengua”. Pretender adaptar la realidad del lenguaje a los intereses políticos es absurdo.
En español, la clasificación de los sustantivos en géneros proviene del latín: masculino, femenino y neutro. Y este, a su vez deriva del indoeuropeo. Por eso podemos hablar de su neutralidad.
La intención de alterar el uso etimológico del español en pro de la igualdad social, se basa en la omisión de dos obviedades:
Hay un género femenino que, de por sí, se refiere específicamente a las mujeres y les otorga visibilidad.
El género gramatical no guarda relación directa con sexos biológicos o identidad de género. Por otra parte cuando se emplean opciones como “todes” con el propósito de representar los distintos rasgos de un individuo o factores culturales de una sociedad resulta imposible, ya que esta tendencia no soluciona el machismo ni otras formas de discriminación; sino que, por el contrario, centra el asunto en una cuestión irrelevante (el lenguaje) para la lucha por la igualdad, confunde conceptos y pervierte la gramática en lugar de buscar un cambio positivo en nuestra cultura.

 

  • Ilustraciones sobre feminismo realizadas por los alumnos de 6to Comunicación, junto al profesor Lucas Obelar. En orden, Carla Cianfenelli, Malena Cannone, Matías Marín, Micaela Piñeiro.