Debates, Deportes

Una radiografía de la violencia histórica del fútbol argentino

Desde los primeros hinchas forzudos, la profesionalización de las barras y su vínculo político, hasta el negocio ilegal que domina las tribunas y refleja conflictos profundos de nuestra sociedad.

Los barrabravas argentinos que viajaron al Mundial de Qatar.

Por Juan Queijas y Lucas Bonifacio

Hablar de fútbol argentino es hablar de pasión: el ritual de los domingos, la previa del asado, el grito compartido y el abrazo con alguien que ni conocés. Pero también es hablar de violencia. El hincha, el que siente los colores como algo propio, convive desde hace décadas con su otra cara: el barra, el negocio del tablón y el poder que se mueve detrás. Quien piense que esto empezó en los 90 está equivocado: la violencia en nuestro fútbol existe hace más de un siglo.

Los orígenes del caos

El fútbol se hizo masivo en las primeras décadas de 1900, y con la gente llegaron los problemas. En ese tiempo no existía la barra brava como hoy, sino hinchas forzudos o matones del barrio que defendían sus colores a las piñas.

La profesionalización del aguante

El cambio grande –cuando la pasión empezó a convertirse en negocio– llegó entre los años 60 y 70. Fue el momento en que la violencia se organizó y empezó a tener precio.
Como explican algunos sociólogos y periodístas, como es el caso de Amílcar Romero en Las barras bravas y la contrasociedad deportiva, en esa época los políticos y dirigentes entendieron que tener a la hinchada de su lado servía. Les daban entradas, viajes y, sobre todo, impunidad, a cambio de presionar jugadores o técnicos.

Ahí nació el término barra brava, y la violencia dejó de ser espontánea para transformarse en un trabajo pago. Durante el Mundial ‘78, la dictadura militar utilizó a las barras para mantener el orden en los estadios, fortaleciendo aún más ese vínculo.

La era del negocio y la violencia interna

Lo que vemos hoy es la evolución de ese proceso. En los 90 y 2000 las barras crecieron aún más. Ya no peleaban solo por los colores, sino por el control de negocios ilegales.
Un informe del programa La Cornisa, de Luis Majul, mostró cómo manejan dinero de estacionamientos ilegales, reventa de entradas, merchandising trucho e incluso venta de droga en algunos barrios.

El último escándalo con las barras ocurrió en el partido entre Independiente y la U de Chile.

La violencia dejó de ser entre hinchadas rivales y pasó a ser también interna. En videos que circulan en internet, como los del canal Historias de Redonda, aparecen enfrentamientos como la Batalla de los Quinchos en River o las peleas internas en La 12 de Boca. Hoy las barras pelean por poder y dinero, no por amor al club.

Un espejo de la sociedad

Pasan los gobiernos, cambian los dirigentes y aparecen programas como Tribuna Segura, pero el problema sigue. Tal vez porque, como sociedad, nunca quisimos mirar de frente al monstruo que ayudamos a construir con silencio y complicidad durante tantos años.
El fútbol sigue rodando, pero las tribunas todavía huelen a pólvora.

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