Una reflexión sobre la novela que denunció la censura y el miedo al conocimiento. Una historia que sigue vigente y que muestra cómo la lectura puede ser un acto de libertad frente a una sociedad dominada por la tecnología.

Por Alexia Román
El 19 de octubre de 1953, Ray Bradbury publicó uno de sus libros más reconocidos, famoso por su mezcla de ciencia ficción y crítica social. Fahrenheit 451 es un claro ejemplo de esto: una historia atrapante donde Montag es el protagonista, y Clarisse, la joven que cambiará su forma de ver el mundo.
Guy Montag es un bombero que, al comienzo, cumple su trabajo sin cuestionarlo: quemar libros. Pero cuando conoce a Clarisse, una chica curiosa y observadora, empieza a preguntarse si realmente es feliz y por qué la gente dejó de leer. A partir de ese encuentro, Montag inicia una transformación personal y descubre que los libros guardan aquello que su sociedad teme: el conocimiento.

“Tienes que recordarlo: quémalos o te quemarán” (pág. 135). Esta frase deja en claro cómo no se permitía pensar distinto, y cómo una sociedad que teme al conocimiento termina “quemando” la libertad.
Montag inicia una transformación personal y descubre que los libros guardan aquello que su sociedad teme: el conocimiento.
Bradbury escribió esta historia como una crítica a la censura y a una sociedad dominada por la tecnología. Aunque fue escrita hace más de setenta años, sigue siendo sorprendentemente actual, en un mundo donde muchos prefieren las pantallas antes que un libro.
En mi opinión, Fahrenheit 451 es una historia que invita a reflexionar sobre cómo la lectura puede abrir nuestra mente y proteger nuestra libertad. Es un libro que nos recuerda la importancia de pensar por nosotros mismos y no dejarnos arrastrar por la comodidad tecnológica.
