Con más de 300.000 aves criadas al año, esta granja integrada a la cadena COTO combina tradición, tecnología y gestión familiar. Desde el cuidado diario hasta los controles sanitarios, una historia de trabajo silencioso que llega directo a tu mesa.

Por Lola Mazza y Lola Rossi
Una familia con 15 años de experiencia en la producción avícola cuenta cómo es el trabajo detrás del pollo que llega a tu mesa: esfuerzo, control y tecnología en una granja familiar.
El trabajo diario que no se ve
En Escobar funciona una de las granjas integradas a la cadena COTO que produce hasta 300.000 pollos por año. Leonardo Javier Mazza, el dueño, y Alberto Vitte, el granjero a cargo del cuidado diario, contaron cómo es el proceso desde que llega el pollito bebé hasta que el producto llega al supermercado. “Cada nave tiene entre 18.000 y 20.000 pollos, según la época del año. En verano se colocan 10 por metro cuadrado y en invierno hasta 12”, explicó Alberto, quien conoce cada rincón del lugar.
El establecimiento cuenta con tres galpones y medio, donde cada ciclo de crianza dura 50 días. Al finalizar, se realiza una limpieza y desinfección completa, se retira el abono y se cambian las camas de cáscara de arroz, dejando 20 días de vacío sanitario antes del próximo ciclo.

El alimento se distribuye en cuatro etapas —preiniciador, iniciador, terminador y alimento final—, y todo el sistema está automatizado: ventilación, temperatura (entre 27 y 30 °C durante los primeros 20 días) y dosificación de agua y vitaminas. “Hoy una sola persona alcanza para manejar todo, porque las máquinas hacen casi todo el trabajo”, cuenta Alberto.
Los veterinarios de COTO visitan la granja dos veces por semana para controlar la sanidad de las aves. En condiciones normales, cada pollo alcanza un peso promedio de 3 kg, con una mortalidad del 7 % por ciclo.
La gestión familiar
Leonardo, el dueño, lleva 15 años al frente de la granja y produce entre 35.000 y 40.000 pollos por mes, lo que equivale a unos 250.000–300.000 al año. “Somos integradores de COTO. Ellos nos proveen los pollitos y el alimento, y nosotros hacemos toda la crianza bajo sus normas”, explicó.
Los controles sanitarios están supervisados por el SENASA, y la empresa exige estrictas medidas de bioseguridad: desinfección total, arcos sanitarios para los vehículos y seguimiento del producto mediante guías DT1 hasta el centro de faena.
El costo mensual de mantener un galpón ronda los 6–7 millones de pesos, y montar una granja de este tipo requiere una inversión de 2–3 millones de dólares. “La automatización cambió todo: ahora la alimentación, la calefacción y la dosificación de agua se hacen solas. Antes era todo manual”, señaló Leonardo.

El lugar de Argentina en la producción avícola
Argentina ocupa el octavo lugar mundial en producción de carne aviar. El 80 % de la producción se concentra en Buenos Aires y Entre Ríos. Durante la pandemia, el sector no se detuvo, y hoy el principal desafío sigue siendo mantener la sanidad animal y los buenos resultados de crianza. “La meta a futuro es ampliar las instalaciones y construir nuevas naves para aumentar la producción”, agregó Leonardo con orgullo, al producir para la cadena de hipermercados más importante del país.
Datos clave
- Cuenta con 3,5 galpones activos y entre 18.000 y 20.000 pollos por galpón.
- Cada ciclo de crianza dura 50 días, con 20 días de vacío sanitario.
- Produce entre 250.000 y 300.000 pollos al año, con un peso promedio de 3 kg por ave y una mortalidad del 7 %.
- La inversión inicial para este tipo de producción ronda los 2 a 3 millones de dólares.
