Sociedad

Bahía Blanca bajo el agua: el bombero escobarense que se convirtió en héroe

Diálogo con Gabriel Pérez, quien con 36 años de servicio lideró una operación extrema en los sótanos inundados de la ciudad. En esta entrevista, relata el dolor, la coordinación entre fuerzas, y la gratitud de un pueblo que no olvida.

Por Lautaro Pérez y Marco Vila

El Suboficial Ayudante Mayor de Bomberos, Gabriel Pérez, con 36 años de servicio, estuvo en la primera línea de la catástrofe hídrica que azotó a la ciudad de Bahía Blanca. En este diálogo con Il Giornalino, comparte las complejidades de la operación, el despliegue de ayuda y las duras lecciones que deja la emergencia.

¿Qué otros actores sociales intervinieron en la emergencia, además de los bomberos?

-La situación fue de tal magnitud que se requirió una movilización enorme. Además de nosotros, intervinieron el Ministerio de Salud de la Provincia, las Defensas Civiles de todos los partidos circundantes, el Ejército Nacional y la Policía Federal. Fue una coordinación multisectorial intensa.

¿Qué sintió en el momento en que le pidieron que fuera a ayudar, sabiendo la gravedad del incidente?

-Por un lado fue algo raro, ya que hacía tiempo que no me tocaban casos de esta envergadura. Una vez que llegué, sentí una mezcla de orgullo y tristeza: orgullo por la posibilidad de ayudar a los vecinos, y tristeza por ver el estado en que quedó todo.

¿Hay algo que se le haya quedado grabado al llegar?

-Sí, el desastre total de Bahía Blanca, o al menos de la gran parte de la ciudad que recorrimos. La destrucción y el caos eran evidentes e inmediatos.

¿Cuánto duró la operación en la que usted y su equipo estuvieron activos?

-Fue una operación muy intensa. Salimos un martes por la tarde y volvimos un sábado al atardecer. Es decir, fueron tres días de trabajo efectivo en el lugar, más los días de ida y vuelta.

Su equipo se centró en la extracción de agua de sótanos. ¿Cómo lograron sacar el agua de subsuelos y sótanos inundados?

-Nuestro grupo era conocido como «los topos» por trabajar bajo tierra, sacando el agua del suelo. Lo hicimos mediante motobombas con una capacidad de extracción altísima: sesenta y seis mil litros por hora, sumado al trabajo con mangueras drenando distintos sectores.

Usted habrá sentido la tristeza de los habitantes… ¿Esa tristeza fue una motivación para que su equipo siguiera adelante?

-La tristeza se sentía en el ambiente, claro. La motivación para seguir depende de cada uno, pero en mi caso personal, volví con el orgullo de haber cumplido con la tarea. Los más jóvenes regresaron con esa motivación de seguir sirviendo.

¿Cree que el trabajo en equipo fue bueno o podría haberse mejorado?
-Nunca existe para mí un mejor trabajo colectivo. En estos casos, la unión hace la fuerza, y sin lugar a dudas, es lo mejor que se puede hacer. Todos nos enfocamos en el objetivo de ayudar.

Al terminar la operación, ¿cómo fue el trato de los residentes de Bahía Blanca hacia ustedes?

-Fue exactamente el mismo al llegar que al terminar. La calidez y el respeto de todos los bahienses fue indescriptible. Nos trataron y recibieron de la mejor forma durante todos esos días.

¿Qué lo impulsó a mantenerse firme durante una operación tan larga y peligrosa?

-Lo que me ayudó fue la vocación de servicio. Empecé a los 15 años, y esa es la fuerza que te mueve en momentos de crisis.

¿Cuál es la lección que deja este evento para la ciudad?

-Son tres puntos esenciales. Primero, la comunidad debe prestar mayor atención a los anuncios meteorológicos e informes que proporciona el Gobierno. Segundo, debemos entender que estas tormentas son efectos directos del cambio climático. Y tercero, y fundamental, los gobiernos deben realizar obras de infraestructura para evitar que estas tragedias se repitan.

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