Diálogo con la ex arquera de hockey Romina Navas. Inició su carrera en el club Banco Nacional de Desarrollo en 1977 y la terminó 21 años después en River Plate.

Por Delfina Mércuri
–¿Cómo fueron tus inicios en el hockey? ¿Qué te motivó a empezar a jugar?
–Empecé a jugar hockey en 1977 en el club Banco Nacional de Desarrollo (BANADE) porque también jugaba mi hermana mayor, Carina. Al principio jugaba en la escuelita, es decir, en ningún puesto en particular… y era bastante mala y vaga porque no me gustaba correr. Cuando me federaron empecé a jugar en “infantiles” (que es como la 7ma de ahora), de arquera, igual que mi hermana.
–¿Cuáles crees que han sido los momentos clave en tu carrera para llegar a Primera?
–Llegué a Primera División a los 15 años, porque la que era arquera de la Primera se fue a vivir a otro país (Israel). Y la arquera de intermedia era muy mala. Por lo tanto, cuando hubo que reemplazarla, el entrenador de las categorías mayores me “probó” en el arco y ahí quedé durante 9 años, hasta que me llamaron de River Plate, que recién empezaba a competir en Primera, y me pagaron el pase.
–¿Quién ha sido tu mejor inspiración en el deporte?
–Siempre admire a Amadeo Carrizo, el Pato Fillol y al Mono Burgos, los tres arqueros de River Plate. Con mucha personalidad y originalidad a la hora de atajar. Eran arqueros que a pesar del puesto, que solían ser de bajo perfil, se destacaban y llegaban a ser los protagonistas dentro de la cancha, además de respetados por todo el equipo.

–¿Cuál fue el mayor desafío que enfrentaste para llegar a primera división?
–No fue uno solo, si no que fueron varios. Primero, la conducta y la responsabilidad, a los que se le sumaba una limitación de salud –soy epiléptica–. Entonces, además de entrenar con frío o calor, hasta tarde: las 22.30 los martes y jueves con mis compañeras, y los miércoles y viernes con la primera de varones para tener más exigencias, muchas veces tuve que dejar de hacer cosas tales como salir con amigos, ya que debía acostarme muy temprano para descansar lo suficiente y no tener convulsiones. Y a su vez tener que estudiar para que mis papás me dejen seguir jugando, incluso cuando iba a la facultad. Habíamos acordado que tenía que aprobar todo sin aplazos para poder seguir jugando hockey sin trabajar.
–¿Hay alguna anécdota especial o momento memorable que recuerdes?
–Imposible olvidar la única vez que recibí una tarjeta roja. Fue en la final de un torneo de pista del año 1990, jugando en BANADE. La estrategia era llegar a los penales, que eran mi fuerte porque además de haberlo entrenado, cada vez que llegamos a penales con ese equipo (Deportivo Italiano) yo le atajaba el primer penal a la capitana del equipo, que también se llamaba Romina. Era un duelo personal entre nosotras dos. El árbitro de apellido Kraus, del club Olivos, sabía de esa “pica” y en los 2 últimos minutos del partido cobró más de 5 corners cortos en contra de mi equipo, obviamente el 5to córner fue gol y terminó el partido. Perdimos 1 a 0 en la final. Mientras las chicas de “Italiano” pasaban por debajo del “puente de palos” que le hacían las de BANADE por el campeonato, me dirigí a toda velocidad hacia donde estaba Kraus y con el palo en la mano derecha lo insulté brutalmente. En el preciso instante que le iba a pegar el “palazo” en la cabeza, mi entrenador que se había dado cuenta de mi intención, vino desde atrás y me sacó el palo. Nunca le pegué, pero el árbitro me sacó tarjeta roja. Como corresponde, presentó el informe en el tribunal de faltas de la Asociación Argentina de Hockey sobre césped. Y me convocaron para hacer mi descargo. Como era menor de edad tuve que ir a Capital Federal a declarar con un mayor y me acompañó mi papá. Durante todo el viaje desde Martínez hasta CABA, mi papá me decía que tenía que decir que estaba arrepentida y no volvería a hacer algo así.
–¿Y cómo fue ese descargo?
–Una vez ante el tribunal de faltas, me preguntaron que haría si volvía a pasar algo así… y yo les dije que si volvía a pasar algo así, esa vez no me iban a poder sacar el palo… 20 fechas afuera… la próxima vez, lo volvería a hacer.
Otra anécdota inolvidable fue jugando en River en 1997. Ese año salimos campeonas de todo. Era un año de elecciones en el club, entonces el presidente Alfredo Dávicce, que también era candidato para ser reelecto, invitó a dar la vuelta olímpica a todos los equipos campeones de todos los deportes del club. Fue antes del partido River-San Lorenzo, cuando con la prohibición de pisar la cancha de fútbol, salimos a dar la vuelta olímpica por el famoso “anillo del monumental”, que era la pista de atletismo.
–¿Cuándo y por qué dejaste de jugar?
–Deje de jugar en marzo-abril de 1998 porque el lunes 23 de marzo nació mi primer sobrino, Felipe, y falté sin avisar a entrenar. Cuando llegó el jueves, el entrenador dio la lista de convocadas para primera división de la fecha del sábado, y me nombró para jugar en intermedia y no en primera. Como los arqueros tenemos algo de locos… nunca más volví a pesar de que me llamaron varias veces. Yo jugaba en primera, o no jugaba.
